El nombre no fue casual
Cuando el proyecto empezó a tomar forma, había una decisión que parecía menor, pero no lo era: el nombre.
No podía ser algo genérico. Tampoco algo explícito.
Tenía que tener identidad.
Por qué “Tabú”
El nombre apareció por una referencia cultural muy clara.
Por una canción de Gustavo Cerati.
Pero no fue solo por eso.
“Tabú” tenía algo más.
Representaba exactamente lo que era el rubro en ese momento: algo que existía, pero que todavía se vivía con cierto silencio, con prejuicio, con distancia.
Lo que el nombre tenía que transmitir
No se trataba de provocar.
Se trataba de decir algo sin decirlo todo.
De generar curiosidad, pero también confianza.
De ser directo, pero sin caer en lo vulgar.
De nombre a identidad
Con el tiempo, el nombre dejó de ser solo un nombre.
Se convirtió en una forma de hacer las cosas.
Más claro. Más accesible. Más profesional.
Sin vueltas, pero también sin exageraciones.
